Hoy Vanina Correa tiene 35 años, es la número uno del Canalla y de la selección. A los 16 debutó en el arco de Rosario Central y en 19 años de carrera disputó tres mundiales y pasó por varios clubes del país, entre ellos: Renato Cesarini, Social Lux, Banfield y Boca.
A base de sacrificio, inmersa en un fútbol que no es profesional en nuestro país y con dos hijos de los que hacerse cargo, Vanina se dio el lujo de decir presente en todas las citas mundialistas en las que estuvo Argentina. En el 2003, fue convocada al primer Mundial Femenino del que participó la selección; en 2007, repitió convocatoria; y Francia 2019 no fue la excepción.
La precarización del fútbol femenino argentino la mantuvo -a ella y a sus compañeras- al margen de la portada de los diarios durante años. Hasta que las chicas decidieron poner el grito, hacerse escuchar y se anotaron en una de las páginas doradas de la historia deportiva del país. Y ahí, Correa fue clave.
Con la experimentada arquera como bandera, Argentina se plantó ante Japón -una de las potencias- en la primera fecha de la fase de grupos del Mundial de Francia y consiguió sumar por primera vez en un torneo mundialista. Días después, demostró ser una garantía en el arco cuando la Selección enfrentó a Inglaterra. Y, aunque las chicas no lograron pasar de ronda, Correa también fue clave en la histórica remontada ante Escocia.